Lo que usted encontrará en estas páginas son documentos históricos del período, sus transcripciones textuales y comentarios con citas y notas para comprenderlos mejor. Lea aquí la historia del peronismo que se oculta, se niega o tergiversa para mantener un mito que no es.

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TENGA EN CUENTA: Que vamos publicando parcialmente las transcripciones a medida que se realizan. El trabajo propuesto es ciertamente muy extenso y demandara un largo tiempo culminarlo. Por eso le aconsejamos volver cada tanto para leer las novedades.

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Comisión 12 Comisión Nacional de Energía Atómica (Capítulo VII)

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Capítulo VII
El aspecto administrativo (del Proyecto Huemul)

1. A poco de llegar Ronald Richter al país se convino entre él y la Secretaría de Aeronáutica, representada para el caso por el señor director del Instituto Aerotécnico, brigadier: don Juan I. San Martín, un contrato con fecha 6/XI/1948, actualizado el 24 del mismo mes (bibliorato Nº 1; fojas 1 a 7). Esta Comisión Investigadora ha tenido a la vista un ejemplar de dicho contrato, con ambas firmas, que se suponen auténticas. Pero requerido informe al Ministerio de Aeronáutica, este lo produjo con fecha 22/XII/55, manifestando (foja 346): “Que los contratos celebrados hasta la fecha por la extinguida Secretaría de Aeronáutica y actual ministerio se han perfeccionado con la homologación del Poder Ejecutivo”.
“Esta exigencia legal –agrega- regía en noviembre de 1948, así como “el recaudo de la autorización previa para las contrataciones”.
“En punto al contrato que se habría celebrado con el señor Ronald Richter, no se registran antecedentes de esa convención ni de sus tratativas.”
Tal vez por ello no se entregó un ejemplar del mismo a Ronald Richter, quien ha declarado no conocer sus “términos precisos (foja 30, vuelta)”; y “cuya copia nunca recibió”.
2. Aunque ese proyecto borrador de contrato no haya llegado a perfeccionarse con la correspondiente homologación por el Poder Ejecutivo, con lo cual careció de valor legal, es interesante mencionar algunas de sus cláusulas, porque ilustran acerca del espíritu con que desde el comienzo se hicieron las tratativas con Ronald Richter, sin duda a causa de los informes que sobre él diera Kurt Tank, única persona que decía conocerlo como hombre de ciencia.
Pues bien, el artículo 1º dice: “El contratado se compromete a prestar sus servicios profesionales en el Instituto Aerotécnico en la ciudad de Córdoba, en calidad de consejero científico en energía atómica, en cualquiera de sus establecimientos, fábricas u otras dependencias de la República Argentina”.
El artículo 13 dice: “La Secretaría se obliga a poner a disposición del contratado, sin pérdida de tiempo, un laboratorio instalado según sus indicaciones y todos los elementos de trabajo, como talleres, máquinas, herramientas, aparatos de medición, material de ensayo, oficinas, útiles, etcétera, en suficiente cantidad y a tiempo para no entorpecer la buena marcha de las investigaciones, estudios, proyectos, construcciones y ensayos, para que el contratado pueda realizar en forma práctica y efectiva los fines de su misión. El contratado en cambio se compromete a realizar este proyecto a base de un máximo de economía y a disponer de tal manera sobre los medios financieros y materiales que su inversión se hará oportuna y escalonadamente en relación y conformidad con los resultados prácticamente alcanzados”.
Esta vaga limitación, por cierto insuficiente, es la única que se impone a los pedidos del “contratado”; y si el contrato no tuvo validez, porque no fuera homologado, no por eso dejó de cumplirse lo establecido en el artículo 13 transcripto todo a indicación y a capricho de Ronald Richter, pero haciendo caso omiso del compromiso de “máximo de economía”, como veremos en seguida.
3. ¿Cómo fue ello posible, si el proyecto de contrato no llegó a formalizarse? La respuesta es muy sencilla: por orden expresa, aunque verbal, del ex presidente Perón, de lo cual hay múltiples comprobaciones (1).
El coronel González declara (foja 128): “Que en el año 1949, el entonces presidente Perón le llamó para decirle que tenía un serio problema con un científico alemán que se había incorporado al Instituto Aerotécnico de Córdoba (¿sin contrato?) que estaba dedicado a investigaciones físicas”. “Que se trasladó a Córdoba, donde se entrevistó con el profesor Tank, a cuyo pedido había sido contratado (?) Richter, etcétera”. “Que a su regreso a Buenos Aires informó a Perón, recibiendo indicaciones de éste de que era su deseo que Richter trabajara con la más absoluta independencia y que se le facilitaran todos los asuntos para poder encarrilar su investigación” (foja 128 vuelta).
“Preguntado: ¿Quién dispuso que se proveyeran todos los fondos necesarios para el desarrollo del proyecto Huemul? Contestó: que por disposición del ex presidente Perón” (foja 129, vuelta). Esto evidentemente fue así, pues ningún otro hubiera podido hacerlo. No sabemos, al respecto, que intervención pudo tener en ello la Contaduría General de la Nación, pero posiblemente ninguna.

4. Administrativamente, es elemental que toda construcción de obra que requieran erogaciones de decenas de millones de pesos sea precedida de un proyecto y aprobado definitivo de las mismas, lo que no excluye la posibilidad de introducir después pequeñas modificaciones de detalle. En la realización del “Proyecto Huemul” aquella regla elemental fue letra muerta. Desde la iniciación de los trabajos, con la preparación del proyecto respectivo, Richter, que era el único encargado de dirigirlos, mostró falta manifiesta de organización y de plan. Basta para convencerse examinar los diferentes planos y modificaciones sucesivas de la “planta proyectada”, algunos de los cuales se agregan como ejemplo y entre ellos veremos: El Nº 1 (foja 198) “Proyecto de planta”; variante 14. El Nº 3 (foja 199), variante 15. El Nº 5 (foja 214; GEOPE, obra Sud, variante 16, anteproyecto con el “conforme” y firma de Richter, etcétera.
5. Si estas vacilaciones y cambios se hubieran limitado a la confección de los planos, el perjuicio no hubiera sido tan grande; pero lo mismo sucedió, después de su llegada a Huemul, con construcciones ya iniciadas, y aún terminadas que hizo demoler o abandonar, etcétera. Lo certifican los casos siguientes:
a) El edificio Nº 3 destinado a laboratorio de 10 x 30 y 4 metros de altura, dividido en dos ambientes, nunca se utilizó y quedó prácticamente desocupado (foja 36). Este edificio está valuado (foja 193) en $ 376.448 m/n. (foja 193);
b) El edificio para la usina eléctrica proveyendo inicialmente a orillas del lago; se había hecho ya el emparejamiento del terreno en la roca se decidió cambiar su ubicación por la actual (foja 86 y plano foja 198);
c) Edificio Nº 5 destinado a laboratorio fotográfico. Se proyectó originariamente (foja 86 vta.) en el emplazamiento que actualmente ocupa el de talleres; pero una vez emparejado el terreno y construida la plataforma sobre la cual se colocaría el edificio prefabricado, Richter decidió que fuera construido en el primitivo emplazamiento asignado a la usina, alegando para ellos que las radiaciones emitidas por el reactor velarían el material fotográfico; circunstancia que de ser cierta debió preverse antes de proyectar su primitivo emplazamiento. Esta construcción tiene 10 x 40 metros y está dividida en varios ambientes. Es a primera vista desmesurada para laboratorio fotográfico. Está valuada en $ 476.082 moneda nacional (foja 193);
d) Una casa habitación (ver plano, foja 198), comprendiendo tres ambientes y dependencias, construida para alojamiento del señor Ehremberg, colaborador de Richter, nunca llegó a ser ocupada por él (foja 87); sirvió para depósito de instrumental y posteriormente como comedor para el personal del grupo Richter.
e) Como ejemplo de las contradicciones en que suele incurrir Richter, es interesante la siguiente (su declaración, a fojas 36): “preguntado si ordenó la construcción de un edificio de aproximadamente 7 x 4 metros, con un baño aproximado al reactor Nº 1, contestó: que él no dio la orden, pero que el edificio se construyó por orden del capitán Pasolli”. Esta manifestación es desde luego increíble; nadie podía sino él dar órdenes en Huemul. Pero continuemos: “preguntado si el declarante ordenó la destrucción de ese edificio, contestó que no. Que la destrucción del mencionado edificio de aproximadamente 7 x 4 metros, fue consecuencia de la construcción del edificio de la estación de control. Que esta estación de control fue edificada por orden del declarante. Preguntado: ¿qué decisión adoptó cuando comprobó que el edificio destinado a la estación de control afectaba por su ubicación al edificio de 7 x 4 metros, aproximadamente? Contestó: que ordenó la destrucción del mismo.
6. Después de instalado el reactor denominado “chico” que ya se ha mencionado (capítulo III, Nº 18), se comenzó a construir uno mayor en el edificio Nº 1 (ver plano foja 198) que consistía (foja 87, vuelta) en un “cilindro hueco de hormigón sin armar de unos 4 metros de diámetro interior y paredes de hormigón de 3 metros de espesor y 3 metros de altura, cubierto con una tapa fija de 3 metros de espesor, al cual se penetraba por una especie de túnel practicado en la pared junto a la base y que debía ser obturado por una puerta muy pesada de construcción especial que se proyectó pero nunca llegó a construirse”.
“Este reactor nunca llegó a utilizarse, pues Richter ordenó su demolición” (declaración del señor Fernando M. Prieto, quien continúa). “En la pared lateral del reactor y en el mismo plano se habían embutido unos quince tubos metálicos de hierro que el declarante cree recordar fueron importados especialmente de Francia, de unos seis centímetros de diámetro interior, colocados todos en el mismo plano horizontal y apuntalados hacia el eje del cilindro, que, posteriormente, cuando Richter vio unos caños de fibrocemento de unos veinte centímetros de diámetro, consideró indispensable substituir los anteriores por éstos, pero el retiro de aquellos del muro de hormigón era una tarea prácticamente imposible, por lo cual el mismo Richter ordenó que se demoliera todo el cilindro. Otra razón que dio Richter para ello (foja 88) fue que de acuerdo con los ensayos que ya había hecho en un pequeño reactor instalado en el edificio Nº 2, convendría que el grande fuera construido en la roca. Finalmente, otro inconveniente que mencionó fue el siguiente: Que una especie de chimenea en que terminaba superiormente el reactor a través de la tapa, debía atravesar el techo para permitir la expulsión de la mezcla explosiva (hidrógeno y oxígeno) que se ocasionaría al producirse la reacción nuclear; pero eso no era posible porque esa chimenea quedaba precisamente debajo de una de las cabriadas del techo”.
Este último detalle demuestra con qué inconsciente ligereza eran proyectadas y ejecutadas obras que constaban muchos millones de pesos. El declarante (señor Fernando M. Prieto) recuerda perfectamente bien que todo esto aducido y resuelto antes de que Richter se enterara de una delgadísima fisura de contracción que presentaba el nuevo reactor en el muro. A esta fisura dio después fundamental importancia para exigir que se hiciera la demolición.
Esta última fue la única razón que dio Richter en su declaración como determinante de la demolición del reactor (foja 36, vuelta), pero descargó en el coronel González la responsabilidad de la orden de destrucción que a su término (de la construcción) se comprobó la mencionada falla antes de haber sido usado; novedad que le fue comunicada, y la orden de destrucción dada por el coronel González, estando el declarante en Buenos Aires.
El reactor “finalmente fue demolido acatando la decisión de Richter, volándolo con dinamita” (foja 88, in fine).
Refiriéndose a este reactor grande ha declarado el coronel González (foja 132) que “la demolición fue dispuesta luego de ser consultado el ex presidente Perón, en razón de que esta obra que insumió tres días y dos noches de trabajo fue tomada por un violento temporal de lluvia y nieve que ocasionó un fragüe imperfecto, ofreciendo su estructura marcadas rajaduras. Esta circunstancia originó una divergencia entre el jefe de la compañía (de Construcciones del Ejército), capital Pasoli y Richter, y planteado el caso en Buenos Aires, la decisión fue expresada más arriba, en contra de la opción de Pasoli, que consideraba subsanable por defecto”. Nótese que el coronel González no vio la falla, y que éste, según el testigo presencial, señor Prieto, solo era una “delgadísima fisura de contracción”.
7. Por orden del mismo Richter se comenzó a construir dentro del edificio Nº 1 un gran recinto, similar al gran cilindro anterior, pero embutido en la roca, lo que demuestra que fue cierta una de las razones que mencionó el señor Prieto como determinante de la destrucción de aquel. Para ello (foja 89) se cavó en el edifico Nº 1 un foso, con dinamita, que ocupa casi toda la extensión (23 x 26 metros) (foja 86) y hasta una profundidad de 15 metros. Este pozo no llegó a utilizarse: sólo se llegó a hormigonar la base, y Richter ordenó suspender las obras en virtud de filtraciones en la roca que ya habían sido anteriormente observadas. Las filtraciones no eran de mucha importancia, “puesto que en períodos de varias semanas sólo alcanzaba a acumularse hasta un nivel de 2 metros de agua” (foja 89, vuelta). “Richter no aceptó en ningún momento las soluciones que se le propusieron para subsanar el inconveniente. Dentro de ese pozo se proyectaba construir un cilindro análogo al grande que había sido anteriormente demolido. También proyectaba Richter unir el foso mediante un túnel de varias decenas de metros de longitud, y hasta unos cien metros, posiblemente, para telecomando de todas las manipulaciones, con un local al efecto”. “Este enorme pozo fue íntegramente rellenado (foja 91. Vuelta) con hormigón de trescientos kilogramos de cemento por metro cúbico… lo cual demandó el empleo de veinte mil bolsas de cemento que importaban entonces cerca de un millón de pesos”. “Richter se opuso a que el pozo fuera rellenado con piedras y recubierto con cemento, pues aducía necesidad de homogeneidad que solo sería posible satisfacer utilizando cemento” (ídem).
Las declaraciones del señor Prieto, tomadas en Bariloche, son corroboradas por el capitán Iragoitía, que las hizo ante la Comisión en Buenos Aires (foja 238 vuelta). En ocasión de su primera visita a la isla Huemul y después de recorrer la totalidad de los edificios de la misma, oportunidad en que el declarante pudo observar cómo se llenaba con cemento un pozo de 16 metros de diámetro, etcétera y más adelante (foja 240): “Que en el relleno del pozo a que antes aludió se había colocado columnas de hierro simétricamente dispuestas, con el objeto, según Richter, de no distorsionar el campo magnético terrestre en el lugar”.
También corrobora las mismas afirmaciones otro testigo presencial, el señor Ronald Moser, en su declaración tomada en Bariloche, quien no sólo precisa que se usó cemento de 350 kilogramos por metro cúbico, sino que también menciona las “cuatro columnas de hierro de 18 o 20, que quedaron sepultadas en el hormigón” (foja 110).
En cambio Richter dice (foja 36 vuelta): “Que él ordenó la construcción del foso, de 10 a 12 metros de profundidad y 16 metros de diámetro”. “Que el foso lo construyó la Compañía SACES, del marqués Incisa, amigo del ex presidente Perón, también fue revestido por la misma compañía con cemento; pero al final se comprobó que había filtraciones de agua que llenaron totalmente el pozo”. “Posteriormente el declarante ordenó que el pozo fuera llenado con piedras y un recubrimiento de cemento, a objeto de poder utilizar el edificio que se había construido sobre él”.
Como se ve, las dos afirmaciones que hemos subrayado no concuerdan con las anteriormente citadas, que son concordantes entre sí, en lo que tienen de común.
8. Los hechos que hasta aquí hemos relatado revelan un inadmisible desorden administrativo y una extraordinaria desaprensión respecto de cuantiosas dilapidaciones de fondos del erario público.
El responsable inmediato de todos ellos fue Ronald Richter, que los ordenaba en forma dictatorial, generalmente verbal, en su carácter de director de la planta, de acuerdo con el decreto 9677/51 (foja 294), y cuyas órdenes al respecto debían ser cumplidas por quienes la recibían (foja 106, vuelta). En cuanto a la recepción de las obras, “todo estaba librado a la decisión de Richter; pero nunca intervino ningún técnico de la Dirección General de Ingenieros, por la necesidad de mantener el secreto” (foja 88).
Su autoridad estaba, además, respaldada por la increíble carta de puño y letra del ex presidente Perón, cuya copia fotográfica ha tenido a la vista esta Comisión (una de las cuales se ha agregado al expediente (fojas 447/8), y que dice:

“Al señor profesor don Ronald Richter:

“Por la presente queda usted designado mi único representante en la isla Huemul, donde ejercerá, por delegación, mi misma autoridad.
“Los trabajos de investigación atómica dependen allí solamente de usted y, en caso necesario, yo indicaré en cada caso si algún funcionario le entrevistará en mi nombre.
“El coronel González, secretario de la Comisión Atómica, es quien normalmente se entenderá con usted a los fines correspondientes.
“Igualmente autorizará usted en cada caso quién quien me entrevistará en su nombre cuando sea necesario.

Buenos Aires, 1º de marzo de 1951

Juan Perón”.


Nótese la fecha: poco posterior a la del pretendido experimento exitoso del 16 de febrero del mismo año.
9. Sobre este mismo asunto hay una referencia en la declaración del señor Prieto (foja 93): “Preguntado: si tiene conocimiento de que el ex presidente Perón hubiera delegado su autoridad en la persona de Richter para todo lo que se refiere a la zona del “proyecto Huemul”. Contestó: Que si, le consta que en una oportunidad el coronel González reunió al personal en Playa Bonita para comunicarle esa decisión del entonces presidente de la República. Agrega que, con posterioridad a la divergencia entre el coronel González y Richter, y de regreso de un viaje de éste a la Capital Federal, Richter manifestó que el ex presidente de la República le había dicho que ésta era su estancia (la declaración fue tomada en Bariloche) y que todo lo que él hiciera estaba bien hecho”.
10. Aparte de la responsabilidad que recae en el ex presidente Perón por esta insólita delegación de sus facultades presidenciales (2) (en un extranjero de origen), no puede negarse la responsabilidad del coronel González, que no debía ignorar los hechos mencionados, y el derroche de dineros públicos que ellos significaban. Debió exigir perentoriamente que se les investigara y corrigiera, o abstenerse de continuar en todo lo relativo a este proyecto, cuyos fondos, que ya importaban decenas de millones, provenían de los asignados a la Comisión Nacional de Energía Atómica, cuya Secretaría él desempeñaba, cumpliendo como tal las órdenes del ex presidente Perón, que también la presidía, y cuyos únicos dos miembros restantes eran el ministro de Asuntos Técnicos (Mendé), y el director de la planta (Richter). Aquello lo hizo más adelante; pero a juicio de esta Comisión Investigadora, tardíamente.
11. En cambio, esta Comisión deja constancia de que no ha llegado hasta ella ninguna denuncia de manejo doloso de fondos, que importara la sospecha de enriquecimiento indebido de los principales actores en todo este proceso por apropiación directa o indirecta de fondos destinados al mismo o a otros fines de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Interrogados al respecto los testigos responsables que los habrían sin duda conocido, ninguno de ellos vaciló en afirmar que no conocía ningún caso.
En cuanto a otros agentes de menor jerarquía, se mencionan algunos expedientes con las respectivas denuncias y actuaciones en el capítulo IX de este informe.
12. Una denuncia aparentemente más grave fue expuesta por Richter en su declaración ante esta Comisión, a saber (foja 36, vuelta): “El declarante solicita del presidente de esta Comisión revisen el contrato firmado por la Compañía SACES con el gobierno nacional, porque considera que en él hay varias irregularidades. Agrega que el doctor Hansing, de la GEOPE, manifestó que ese contrato era un escándalo”.
A fin de ilustrarse al respecto, esta Comisión Investigadora se dirigió con fecha 5 de diciembre al señor delegado interventor en la Facultad de Ingeniería, ingeniero Francisco María Malvicino, a fin de que quisiera “informar si las especificaciones del contrato celebrado entre la Comisión Nacional de la Energía Atómica y la firma SACES, con fecha 8 de mayo de 1951 –cuya copia fotográfica en 16 fojas se acompaña con tal fin-, son las usuales en esta clase de convenio”.
Como la respuesta demorara, el asunto fue incluido en la lista de que se hace mención más adelante (capítulo VIII, Nº 3, b).
Posteriormente esta Comisión dirigió con carácter urgente una nueva nota al señor delegado interventor, con fecha 4 de enero del corriente, haciendo referencia a la anterior, y en la que después de exponer la urgencia del caso, le decía (foja 403): “En mérito a lo expuesto, estimaré del señor delegado interventor quiera tener a bien disponer lo necesario para que la información, en aquella oportunidad requerida, sea suministrada con carácter urgente, a fin de posibilitar la redacción del dictamen que debe producirse con motivo de la investigación realizada”.
Tampoco se ha recibido la respuesta hasta la fecha de redacción de esta parte del informe (enero de 1955), por lo cual la Comisión da por terminada su intervención en el asunto (3).
Por consiguiente, a pesar de los deseos de esta Comisión, no le ha sido posible formar juicio sobre la denuncia de que se trata, y se limita a agregar al expediente copias fotográficas del mencionado contrato (fojas 430 a 445).
13. La organización administrativa en Bariloche adolecía de fallas y se encontraba permanentemente trabada por las exigencias de Richter (foja 95, vuelta). Creaba dificultades a la Compañía de Obras (de la Dirección General de Ingenieros dependiente del Ministerio del Ejército), con sus extemporáneas exigencias. Se resolvió, entonces, que las obras fueran realizadas por compañías privadas, que también tuvieron dificultades por las continuas modificaciones. En algunas oportunidades se intentó adoptar el sistema de las “órdenes de servicio”, como es habitual en toda obra, pero caía rápidamente en desuso por la indisciplina de Richter, que seguía dando órdenes directamente (fojas 103, vuelta; 109 vuelta).
Sin embargo, Richter no manejaba fondos, aunque “todas las inversiones hasta el mes de septiembre de 1952 fueron autorizadas por él” (foja 364). Ejercía con gran liberalidad la función de asignar sueldos, sobresueldos y comodidades al personal a sus órdenes. El capitán Iraolagoitía (foja 242) preguntado: “Si tiene conocimiento de que hubiera irregularidades administrativas en Bariloche. Contestó: que no cree que haya habido irregularidades administrativas, pero que tiene la impresión de que se vivía, en general, con mucha liberalidad con respecto a las comodidades y servicios a disposición del personal. Como ejemplo puede citar el caso del hotel Pistarini, donde se alojaba el personal de la planta con sus familiares, abonando una pensión muy baja, absorbiendo la planta el quebranto provocado por esa situación”. Hay que tener en cuenta que se trata de un hotel de lujo.
14. El desorden administrativo reinante en Bariloche pudo dar lugar a evasiones de materiales, especialmente de construcción. A esto respondió, en parte, la ampliación declaratoria del señor Fernando Manuel prieto. Preguntado (foja 106) si cree posible que se hayan producido evasiones de materiales, contestó: “que lo consideraba muy difícil dado el control que se realizaba. Que para el material recibido por tren de ferrocarril, desde otros lugares, consistía en lo siguiente: el material que se transportaba desde la estación a la planta por intermedio de fletes, a cada uno de los cuales el apuntador de la planta destacado en la estación, le entregaba una boleta en la que constaba todo el material que transportaba, era recibido en almacenes y se contrastaba con los datos de la mencionada boleta. Posteriormente, almacenes contrastaba las boletas que había recibido de los fletes con los duplicados que quedaban en poder del o los apuntadores de la planta destacados en la estación, con el fin de evitar que algún camionero desviara la totalidad de su carga”. Preguntado si tiene conocimiento de alguna denuncia que se hubiera formulado respecto de evasión de materiales, contestó: “que, efectivamente, en una oportunidad se ordenó investigar la procedencia del cemento que operarios de la planta habían utilizado en la construcción de sus propias viviendas en el barrio Nireco. El resultado de la investigación, realizada por la Sección Especial de la Gendarmería Nacional –en la cual intervino el declarante-, demostró por las boletas de compra que mostraron los acusados y por la apreciación de la cantidad de cemento empleado, que nada de éste podía provenir de evasiones de la planta. En total se trataba de cinco o seis pequeñas viviendas, en cada una de las cuales se habían empleado entre veinte y veinticinco bolsas de cemento.
15. Fue una de las primeras preocupaciones de esta Comisión Investigadora establecer el destino que hubieran tenido todos los fondos acordados a la Comisión y a la Dirección Nacional de la Energía Atómica. Con ese fin se dirigió a la Contaduría General de la nación, con fecha 31 de octubre próximo pasado, la nota cuya original figura a fojas 308, pidiéndole que le informara “sobre la totalidad de los fondos y partidas acordadas y/o entregadas a la Comisión Nacional de Energía Atómica, a la Dirección Nacional de la Energía Atómica, o a la Planta Experimental de Altas Temperaturas (4), provenientes de rentas Generales, Plan de Trabajo Público o cualquier otro origen desde el año 1949 hasta el 16 de septiembre de 1955 inclusive, especificando en cada caso el número de decreto o resolución pertinente”.
16. La Contaduría General de la Nación contestó con fecha 14 de diciembre, produciendo dos informes que se han agregado a fojas 310 a 322. El primero de ellos, de la Dirección de Contabilidad (foja 10), termina con los siguientes párrafos: “Cabe dejar constancia que la dirección a mi cargo no registró las entregas de fondos dispuestas por órdenes de pago en cuentas individuales por repartición, sino por la nomenclatura que fija la respectiva autorización de apertura de créditos”.
“Como consecuencia podría haber otras entregas registradas bajo otros rubros, inclusive ejercicios vencidos, motivo por el cual estima conveniente la investigación de la Inspección General de Contabilidad, a efectos de una información total.”
Así se resuelve (foja 311, al pie), designado para ello al señor contador fiscal doctor Ciriaco J. Sarnelli (foja 314). El informe producido por éste comienza con el siguiente párrafo (foja 313):
“A fin de dar cumplimiento a la resolución citada me presenté ante la Dirección Nacional de la Energía Atómica, donde fue puesta a mi disposición toda la documentación existente en su poder, de cuyo resultado paso a informar por las sumas percibidas y las pertinentes amortizaciones.”
Respecto de la comparación de ambos informes, dice el señor contador Sarnelli (foja 321):
“Con relación a las cifras consignadas por la Dirección de Contabilidad en su informe Nº 103/G/1955, ha sido posible comprobar las cantidades que en el mismo da, existiendo solamente un pequeña diferencia en menos con la verificación de $ 50.311,59 en presupuesto.”
Pero no diciendo cómo se calcula esta diferencia con los datos consignados en el informe, esta Comisión no ha podido verificarla.
17. En lo siguiente se acepta como definitivo el segundo informe mencionado (de la Inspección General de Contabilidad), que es también el más explícito.
Arroja este informe un total de todas las cantidades entregadas a la Comisión y a la Dirección Nacional de la Energía Atómica (no se registra ninguna entrega a la Planta Experimental de Altas Temperaturas, cuya erogaciones eran cubiertas con fondos de la Comisión Nacional) de $ 214.466.040,78 (doscientos catorce millones, cuatrocientos sesenta y seis mil cuarenta pesos con setenta y ocho centavos moneda nacional). El informe termina con el siguiente párrafo: “No obstante no haber sido posible individualizar hasta la fecha las cantidades correspondientes al año 1949 y parte de 1950 como se pide, el subscrito, dada la urgencia que existe en la información requerida presenta este informe a los efectos de dar cumplimiento. (5)”
18. La cantidad total, cuyo origen no ha sido aún individualizado, fue extraída del libro “Banco”, y alcanza a (foja 313): $ 9.819.235,90 (nueve millones ochocientos diecinueve mil doscientos treinta y cinco pesos con noventa centavos moneda nacional).
Una parte de ellos, y tal vez la totalidad, puede provenir de lo siguiente, según declaración del coronel Enrique González (foja 128, vuelta): “Que el problema para satisfacer este deseo (de que Richter trabajara con la más absoluta independencia (véase capítulo I, Nº 7), radicaba en la falta de una partida especial de presupuesto. Que como al Dirección Nacional de Migraciones (cuyo titular era entonces el declarante) disponía de fondos secretos, se autorizó la intervención de parte de éstos, hasta tanto se regularizara su situación, aproximadamente dos millones de pesos hasta que se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica; que en razón de la característica de los gastos pidió que fuera designado a estos efectos un funcionario de responsabilidad, designación que recayó en el contador mayor Mario Chingotto, de la Contaduría General de la Nación”.
Este aspecto de la investigación ha quedado, pues, trunco; pero sería fácil completarlo si el tiempo disponible lo permitiera, lo que no sucede (5).
19. La suma total anotada (Nº 18) debe ser comparada con las investigaciones documentadas en la Dirección Nacional de la Energía Atómica. Con ese objeto esta Comisión Investigadora solicitó a su colaborador, el capitán de navío (R.E.) don Joaquín M. Urretabizkaya, por nota de fecha 10 de enero de 1956, cuyo original obra a fojas 424: “se sirva hacer conocer la descomposición, por conceptos de inversión, de la suma de $ 214.466.040,78 que informa la Contaduría General de la nación haber hecho entrega a la Comisión Nacional de la Energía Atómica”.
El señor director de administración produjo con tal motivo, el informe que corre agregado a fojas 425/26, diciendo: “De acuerdo con lo solicitado en su nota de foja 1, se detallan en planilla adjunta los distintos conceptos de inversión que conforman un total de $ 215.795.640,78 suma ésta determinada por el importe de $214.466.040,78 habilitado y recibido de conformidad por esta Comisión Nacional, según informe de la Contaduría General de la Nación, y por el importe de $1.329.600, producto de recaudaciones de diversa índole, efectuadas directamente por esta Comisión (de Energía Atómica) y los distintos organismos que de ella dependen.”
De la planilla adjunta resulta que el total de inversiones, discriminadas en diversos conceptos, suma $215.795, lo cual coincide con la suma anterior de ingresos. Por tanto, el aspecto contable de la Dirección Nacional de la Energía Atómica, según estos datos , es satisfactorio.

NOTAS
(1) Y, tal como se verá en el punto 8 una orden firmado por Perón en donde “delega su misma autoridad en la isla” a Ronald Richter. (Nota del transcriptor).
(2) Inconstitucional bajo todo punto de vista. (Nota del transcriptor).
(3) Luego de redactado el informe recibieron el resultado de la pericia solicitada. Se informa en Apéndice I punto 3. (Nota del transcriptor).
(4) Esta es la dirigida por Richter en la isla Huemul (Bariloche, República Argentina). (Nota del transcriptor).
(5) Urgencia requerida para la presentación del informe de la Comisión ya que con todos ellos se debía confeccionar la impresión de los V tomos de la “Documentación Autores y Cómplices de las Irregularidades Cometidas durante la Segunda Tiranía” con la cual se compilo luego “El libro Negro de la Segunda Tiranía” (Nota del transcriptor).
(6) Ver nota anterior (Nota del transcriptor).
Fuente: Documentación Autores y Cómplices de las Irregularidades Cometidas durante la Segunda Tiranía – Comisión Nacional de Investigaciones Vicepresidencia de la Nación - Tomo 1 – año 1958 – páginas 663a 673).

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